Entre canciones, silencios y libros, el tema se instalo en lo más profundo de la consciencia. Y no puedo dejarlo ir, continua dando vueltas en mi mente. Dios.
¿Quién es esa sombra que nos sigue toda la vida –incluso antes de ser conscientes-? Según Jung, es uno de los símbolos a nivel mundial más identificado. Pero ¿Por qué rendirle tributo? ¿Quién es? ¿Qué hace? ¿Qué relación tiene con nosotros? ¿Cuándo fue creado? ¿Quién lo creo? ¿Por qué tiene tantos nombres?
En fin, muchas preguntas ¿no?, ¿respuestas? Hay miles y muy variadas, incluso muchos filósofos –Platón, Aristóteles, Descartes - pasaron toda su vida tratando de responder las mismas preguntas que hoy saltan a la mente de más de uno. El único inconveniente es que cada uno de ellos vio su respuesta a través de sus ojos y sus circunstancias –también conocida como interpretación-¿Buena? ¿Mala? Ni buena ni mala, simplemente SU respuesta. El reto es empezar a preguntar y ser valientes para las respuestas que nos sean enviadas.
Sin embargo, preguntar es peligroso –no cualquiera se atreve - porque puedes llegar a puntos de no retorno, donde la única dirección posible es hacia delante y la mayoría de las veces ese camino que vemos en el horizonte es sinuoso con altibajos y curvas peligrosas.
Además, podemos preguntar un sinfín de trivialidades, pero preguntar cuestiones existencialistas es dar un golpe certero a la piedra angular de todas nuestras creencias y esto nos puede hacer tambalear, pero como por ahí dicen toda crisis es buena y más aquella que genera cambios.
Dios. Tenemos la palabra tatuada en la piel, en la mente y en el corazón, pero en que momento nos detenemos a razonar cual es su verdadero significado. Estamos tan preocupados por el devenir citadino y las preocupaciones de la edad moderna que no nos damos la oportunidad de pensar hacia adentro y decidir en qué creer.
En la cultura oriental se cree que el ser humano viene a esta vida con un fin a cumplir – dharma le llaman- y la manera ideal de poder encontrarlo y lograrlo es por medio de aprender a vivir en la unidad con Él.
La cultura occidental lo tiene estereotipado como un hombre de edad avanzada, con barba, montado en su nube y con un dedo acusador que castiga en base a reglas dadas en piedra.
No me considero atea, de hecho soy católica, pero desde hace tiempo el paradigma de las reglas y los estereotipos se derrumbaron. No creo que haya un Dios sentado en su nube vigilando a cada mortal y llevando una cuenta de los pecados cometidos. Creo más en un Algo –llamémosle Dios-del cual todos somos parte. Todos, sin importar color de piel ni divisiones fronterizas.
Ese Dios en el que yo creo empieza a llenar huecos que toda mi vida había tenido. Por ejemplo, aquella frase de “Dios está en todo y en todos”. Hoy la creo más que nunca y no por dogma sino por convicción. Dios está en aquella persona que solo con verla se te retuercen los intestinos, está en aquella persona con la que deseas pasar el resto de tu vida, está en esa persona que ni siquiera conoces y que jamás cruzaras palabra pero que existe, está en ese señor que te atiende en la tienda de la esquina, verdaderamente esta en todos. También está en todo, en la flor, en la piedra, en el árbol, en el sol. Dios es todo y todos.
Entonces salta la siguiente pregunta ¿Cómo no amar a Dios? Es fácil amarlo cuando la persona que tienes enfrente es esa con la que sueñas pasar el resto de tus días ¿no? Pero ¿qué pasa cuando la persona que está enfrente no es tan agradable a tus intestinos? ¿Difícil? ¡Mucho! El reto es grande pero las consecuencias son maravillosas.
Imagínate el fenómeno vibracional que experimentaríamos si en verdad nos diéramos cuenta que Dios está en todos y cada uno de los seres que habita esta tierra. Todos los problemas sociales desaparecerían y la paz reinaría en cada uno de los seres humanos.
No la llamo utopía, la llamo una probabilidad real. No estamos lejos de ese mundo ideal. ¿Qué falta? Que todos sumemos a la unidad.
Recapitulando. Si Dios está en ti, en mi y en todos. Y Dios es todo. ¿Entonces todos somos uno? ¡Sí! La humanidad entera es una. Todos somos uno. Atrevete a ser uno con el mundo y experimenta la sensación de la unicidad.
-queli
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