Después de un fin de semana de tranquilidad, naturaleza y muchos tonos verdes, lejos del ajetreo citadino, me dispongo a volver a la rutina con el fin de cada día dar un paso más para la libertad.
Sin embargo cuando dejo atrás el verde y empiezo a entrar en el gris, lo veo desde otra perspectiva; lo vi con ojos de reflexión y auto observación. Había algo que generaba disgusto pero no lograba identificar que era lo que generaba ese sentimiento de incomodidad. De repente lo vi, o mejor dicho, no pude ver nada. El campo visual estaba repleto de signos de pesos y no pudo ser más deprimente. No hay un solo espacio libre, estamos inmersos en una sociedad mercantil y consumista.
Hay demasiados anuncios y todos tratan de vender productos superficiales y para el ego, ejemplos, el último coche de lujo, la computadora más potente, el shampoo que te deja el pelo sedoso y liso, el medicamento que hace que te pare el dolor de cabeza casi de manera instantánea, etc.
La peor parte radica en que nos estamos acostumbrando a esta contaminación visual, y no hay peor salida a un problema que escudarnos bajo el pretexto de la normalidad. Después de reflexionar al respecto no me queda ninguna duda porque los citadinos tendemos a comprar todo, estamos tan bombardeados de anuncios que inconscientemente tendemos hacer caso a alguno de los tantos anuncios que vemos diariamente.
La buena noticia es que existe una solución. Si realmente nos adentráramos al SER, no necesitaríamos nada de estos productos de moda. La salud física y mental vendría como consecuencia de los buenos hábitos que trae la conexión con la verdadera naturaleza del ser humano. El consumismo, las marcas y las campañas publicitarias dejarían de existir porque no tendrían que vendernos nada para sentirnos mejor o más que el vecino, viviríamos en una consciencia plena y como consecuencia en paz.
Como dice mi amigo Amie, podríamos vivir en una sociedad autosuficiente no-mercantil. Cada uno trabajaríamos en nuestras pasiones –como consecuencia en lo que mejor hacemos- y la moneda de cambio seria el trueque. Ejemplo, si mi pasión es hacer muebles de madera dedico todo mi tiempo a fabricar muebles de madera. La pasión de mi vecino es plantar frutas y verduras, y a eso se dedica. El necesita muebles y yo comida, hacemos un intercambio de bienes y el dinero deja de ser un diferenciador porque solo tomas lo que necesitas de cada uno de los productos que los demás producen.
Somos agradecidos con el planeta tierra y como consecuencia lo cuidamos. ¿Explotación de tierras? ¿Deforestación de árboles? No existen, vivimos conscientemente y en armonía con la naturaleza, cuando cortamos un árbol sembramos diez.
Suena a utopía en un mundo color de rosa ¿no? Pues NO! El cambio de consciencia es trabajo de todos y cada uno de los habitantes de este planeta tierra. Te invito a que pongas tu granito de arena, muévete a la polaridad trascendental de tu ser y deja de lado la vida “civilizada” a la que estamos acostumbrados. No todo lo que hacemos es bueno solo por el hecho de que siempre se ha hecho de esa manera.
Raquel Pérez
-queli-
viernes, 24 de julio de 2009
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